Una sala pequeña con paredes y techo de color blanco, el techo era alto lo que daba espacio para tantos implementos de iluminación. El cuarto (una sala de parto de la clínica San Pedro Claver, como se conocía entonces al actual Hospital Universitario Mayor ubicado en la ciudad de Bogotá, la capital de Colombia un país de América del Sur) era frío, como toda habitación de hospital, con un ambiente extraño en donde se cruzan diversas emociones. Rodeada de varios doctores con tapabocas y uniforme se encontraba María. Eran las seis de la noche del 31 de mayo de 1993.
En otro continente lejano de América otro hecho estaba sucediendo. El día había comenzado para los ciudadanos de Sarajevo con gran desesperación, debido a los impactos de los cohetes antiaéreos lanzados por las milicias serbias desde las colinas que rodean la capital de Bosnia-Herzegovina, un estado europeo. Las granadas llovían incesantemente sobre todos los barrios de la capital, una ciudad pequeña.
En Colombia María estaba en trabajo de parto, su esposo esperaba con inquietud en la sala de espera de dicha clínica, pues en ese tiempo la mujer debía entrar a la sala y asumir el parto sola, ningún acompañante podía estar presente mientras ella tenía a su hija. Pasaron dos horas de intenso dolor las contracciones se hacían cada vez más fuertes.
Para esa hora en Sarajevo 20 personas habían muerto y decenas de heridos llenaban los hospitales, sus ciudadanos compartían un día de terror y muerte protegidos por la ONU. Las calles quedaron desiertas, la gente estaba refugiada en sus hogares. Una granada cayó encima de la vivienda de Nadja y su esposo. Fueron llevados al hospital de una ciudad cercana, fue acostada en una camilla donde dejo ver su vientre hinchado, estaba embarazada de nueve meses.
María a las 08:30 de la noche dio a luz a su segundo hijo, esta vez era una niña, un parto riesgoso debido a su edad y sus antecedentes. Su primer hijo lo había tenido a los 35 años de edad. No había podido concebir antes por problemas médicos, en el año de 1988 un año antes de dar a luz a su primer hijo, María fue sometida a un proceso quirúrgico denominado salpingectomía, en el que tuvieron que extraer una de las trompas de Falopio a causa de un embarazo ectópico. Después de todo esto y tomando un gran riesgo a los 40 años decidió tener a su hija. El parto se realizó por cesárea. Y fue así como ese 31 de mayo nació la bebé que al tomarla entre sus brazos, sus pequeños ojos miraron fijamente a su madre por varios minutos, un hecho que conmovió significativamente a María.
El 1 de junio a las tres de la mañana los médicos que atendían a Nadja dieron la noticia, el embarazo había sido interrumpido. Su bebé no había podido sobrevivir al brutal ataque recibido ese 31 de mayo.
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